domingo, 1 de marzo de 2009

Crónica de mi cumpleaños

Así es, cumplía mi año número 22. Pero, como todo de lo que tiene que ver conmigo, no podía ser un día común.

*La Madrugada
Casi
no dormí. Algo no estaba en orden, pero no podía recordar que. No me acuerdo… ¿qué me pasa?… ya se que es mi cumpleaños… pero… pero… Abrí los ojos y ¡Oh sorpresa!... ¡Esta no es mi cama, no es mi cuarto!... ¿Dónde #%#&#”&$%” estoy? Permanecí por casi una hora: postrado en una cama ajena, en una habitación que no podía recordar, de un dueño que tampoco recordaba ¡Ahí C$”O#$”!Ñ#&#O!

*La Mañana
Cuando
, por fin, regresaron las ganas de dormir (a lo que los mortales llaman SUEÑO), ya era demasiado tarde. ¡
Kikirikiiiiiiiiiiiiiiiiii!............ Un maldito gallo. Lo primero que supuse, fue que había sido contratado por el gobierno para matarme de un susto, pero luego recapacite. Cuando las ganas de dormir (sí, el SUEÑO) regresaban, entonces…. Prunch, Prunch, Prunch, Prunch, Prunch, Prunch, Prunch, Prunch. Me asuste y grite para mis adentros: ¡Pero bueno C$”O#$”!Ñ#&#O!... ¡Será morirme, pa’ que me dejen tranquilo estos hijos de la gran &”%#(&$”#!

Comencé a recordar primero que estaba en casa de una amiga (a la que llamaremos MTM, para evitar malos entendidos). Recordé, posterior mente, que estaba en la capital (Santo Domingo). Llego a mí el recuerdo de que anoche estábamos en el Parque Colon (Zona Colonial), que mi celular se quedó sin carga y que la última guagua caliente (transporte público económico) ya se había ido. MTM, de buena fe, me invito a quedarme en su casa.

Tal si fuera un ladrón en pleno destacamento, salí, en puntitas, del cuarto y llegue a la cocina (de donde en un principio, provenía el Prunch, Prunch, Prunch, Prunch). La encontré fregando, entonces me calme y dejé de lloriquear como un niño en un “%#$/$ bautismo católico.

Hicimos tres salidas:

1) En esta, fuimos al colmado a comprar 5 huevos, un cubito de ajo, 1 cartón de leche y 2 bizcochitos que simularían mi pastel de cumpleaños. En pleno colmadón, nos encontramos a una señora, a punto de comprar el desayuno (un %#” cigarrillo). Para colmo, yo Isidro Miguel Jiménez Guillen, el Nieto de la difunta Cocó, fui obligado a encendérselo.

2) Esta fue más interesante: Salimos a hacer una interesantísima diligencia (conseguirme los chelitos para poder regresar a San Cristóbal). Llegamos a la casa de una hermana MTM. Nos aguardo un sobrino de MTM, el cual debe odiar bastante a los gatos, a pesar de no tener suficiente edad para odiar (menos de año y medio). Luego de conseguir los chelitos, fuimos al salón de una amiga de MTM, la muchachona “se puso MALA” el día anterior. La muchacha no se veía mal. De hecho, no entendía si eso de “se puso mala”, fue algún ridículo sarcasmo capitaleño. Ahí mismo llegó una señora que, al contarle un chisme sobre una experiencia sexual, cerro mis oídos para que no escuchara una de las barbaridades. Creo que dijo: Estoy así, de tanto $!#&[;”. En eso llegó un muchacho (deduje que era el marido de la dueña del salón, la que se puso “mala” pero que estaba “buena”) caminado de forma extraña. Sin que nadie lo interrogara, explicó que al caerse del motor, se guayo to’… y no quería que su madre se enterara. Regresamos a la casa de MTM, cuestionándonos sobre si, realmente la madre de ese muchacho no se habrá dado cuenta del accidente, a pesar de las heridas por todo el cuerpo.

3) Con mi pasaje en la mano, fuimos a hacer la última tarea de la mañana. MTM y yo, arrancamos a buscar su computadora (la de MTM). Cuando estábamos a unas calles de llegar, me distraje con una muchachita muy agradable a la vista. Sentí las manos de MTM empujándome el abdomen (para frenar mis pasos), puesto que un buen come ≡¥#۰™&, en una pasola a toda velocidad, iba a convertir el día de cumpleaños en velorio. Ya pasado el susto, trate de no distraerme con ninguna falda corta o pantalones ajustados, en todo el día.

Regresamos a la casa para buscar a mi Mochi (diminutivo de mochila). Tenia que regresar a San Cristóbal lo más temprano posible para así coordinar un modesto espacio artístico-cultural: Círculo Creativo Alter. MTM prometió estar presente en dicho encuentro. Me dejó en la parada de guaguas (autobuses).

Ya sobre el asiento de la segunda fila en el minibús, me tocó el peor de los asientos: al lado de un señor que irradiaba una desagradable esencia por medio de las axilas (tambien llamado “grajo”). Como si esto fuera poco, unas jóvenes sacadas de alguna revista poppy, inmediatamente sintieron el hedor, me dirigieron sus miradas acusadoras. Fue el tercer peor viaje de toda mi vida.

El minibús de los infiernos se detuvo en frente de la parada de guaguas que va a mi natal San Cristóbal. Tomé el primer asiento, preferí sentarme en el tercero, aunque luego cambié al último, solo para regresar al tercero. En eso llego una muchacha en compañía de su madre. La joven era tan fina como las cibaeñas. Pero su mamá tenia más arrugas que el río Yubáso. Trate de tomar un asiento cada vez más cercano, pero parece que mi indumentaria (tan ridícula como la de “artista” de la Zona Colonial) no me ayudó. La señora me miró de una forma que casi mojo los pañales que creí tener puestos.

La guagua me dejó en Los Molina (sí, ese mismo… el de los poemas). Recordé que era mi día de cumpleaños. Eran casi las 11:30 a.m. cuando recibí lo que se suponía, debía ser una llamada de felicitaciones.

-Isidro, no vas a venir a votar…
-¿A votar?... ¿a votar el qué?...
-Hoy son las elecciones de ASEUSANCRIS… ¿No te acuerdas?...
-Ah… sí… Es que hoy cumplo años, y tengo que prepararme para coordinar el Círculo… van a venir unos invitados de Santo Domingo
-No jod!#&… yo te hacía má’ serio.
Me colgó bruscamente el teléfono.

Ya estaba saliendo, en eso de las 12:00 a.m., para llegar a la votación. Pero, pero ¿Dónde están mi cedula y carnet? Solo me quedo retirarme antes de que alguien (que como los otros, no recordaba mi cumpleaños) me viera y me detuviera. Que inoportuno domingo de cumpleaños (en plenas elecciones).

Por suerte, llegue temprano al Círculo Creativo Alter. Me sorprendí al percatarme de que alguien más cumplía años. Al parecer, lo celebrarían en el mismo lugar donde se reúne semanalmente el Alter. Por suerte, encontré un espacio vació (unos metros después). El Círculo Alter se desarrolló mejor de lo que esperaba (pintamos, recitamos, rapeámos…).

Al salir de ahí, nos dirigimos (los invitados que vinieron de Santo Domingo, los muchachos del Alter, y un servidor) a celebrar el susodicho cumpleaños en mi casa. Al menos hubo algo de normal en todo el día.

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